lunes, 25 de agosto de 2014

Doceava sesión: Historia Eclesiástica

1)    La Reforma Protestante en los países de Europa.

              i.        Martín Lutero[1]

Nació en Eisleben, Turingia, 1483-1546. Se hizo monje agustino en 1505 y comenzó a estudiar Teología en la Universidad de Wittenberg, en donde se doctoró en 1512. Siendo profesor comenzó a criticar la situación de la Iglesia católica: Lutero protestaba por la frivolidad en la que vivía gran parte del clero (especialmente las altas jerarquías, como había podido contemplar durante una visita a Roma en 1510) y también el que las bulas eclesiásticas -documentos que concedían indulgencias a los creyentes por los pecados cometidos- fueran objeto de un tráfico puramente mercantil. Las críticas de Lutero reflejaban un clima bastante extendido de descontento por la degradación de la Iglesia, expresado desde la Baja Edad Media por otros reformadores que se pueden considerar predecesores del luteranismo, como el inglés John Wyclif (siglo XIV) o el bohemio Jan Hus (siglo XV). Las protestas de Lutero fueron subiendo de tono hasta que, a raíz de una campaña de venta de bulas eclesiásticas para reconstruir la basílica de San Pedro dirigida por Johan Tetzel, origino su protesta pública, redactando 95 tesis que clavó en la puerta del castillo de Wittenberg (1517). La Iglesia hizo comparecer varias veces a Lutero para que se retractase de aquellas ideas (en 1518 y 1519); pero en cada controversia Lutero fue más allá y rechazó la autoridad del papa, de los concilios y de los «Padres de la Iglesia», remitiéndose en su lugar a la Biblia y al uso de la razón. En 1520, Lutero completó el ciclo de su ruptura con la Iglesia, al desarrollar sus ideas en tres grandes «escritos reformistas»: Llamamiento a la nobleza cristiana de la nación alemana, La cautividad babilónica de la Iglesia y Sobre la libertad cristiana. Finalmente, el papa León X le condenó y excomulgó como hereje en una bula que Lutero quemó públicamente (1520); y el nuevo emperador, Carlos V, le declaró proscrito tras escuchar sus razones en la Dieta de Worms (1521). Lutero permaneció un año escondido bajo la protección del elector Federico de Sajonia; pero sus ideas habían hallado eco entre el pueblo alemán y también entre algunos príncipes deseosos de afirmar su independencia frente al papa y frente al emperador, por lo que Lutero no tardó en recibir apoyos que le convirtieron en dirigente del movimiento reformista.

Desde el edicto de Worms (1521) hasta el año 1555, la política del imperio alemán estuvo en una gran incertidumbre. El Emperador Carlos V mantuvo su residencia en España, lo que le impidió gobernar adecuadamente la nación teutónica. Aunque Carlos V es considerado como uno de los monarcas más católico-romanos de la historia, sin embargo la incertidumbre de su política respecto a la Iglesia llegó hasta el grado de apresar al mismo Sumo Pontífice, después de haber atacado a Roma por medio de un ejército que en su mayor parte se componía de luteranos. En el año de 1529 se reunió en Espira una conferencia con el objeto de arreglar los asuntos religiosos que tan profundamente afectaban el imperio, y en ella se dispuso que en todos los lugares donde ya se había establecido la doctrina evangélica se diera libertad para que continuara, pero que en las regiones donde no se había establecido, se prohibiera en absoluto la propaganda anti-romanista. Los príncipes alemanes evangélicos protestaron contra esta disposición, y esta es la razón histórica por la cual se han denominado «Protestantes» a todos los partidarios de la nueva Iglesia. Los príncipes alemanes que apoyaron a Lutero, lo hicieron por varias razones entre ellas: el deseo de conseguir una mayor autonomía con respecto al emperador, conseguir recuperar los bienes que había tomado la iglesia católica, además de las profundas convicciones intelectuales y religiosas que algunos tenían.

Entre los otros príncipes[2] Alemanes que prontamente se asociaron a Lutero y secundaron sus esfuerzos estuvieron: Juan de Sajonia (el hermano de Federico); El Gran-Maestro Albet de Prusia, que convirtió las tierras de su orden en un ducado secular, tornándose su señor hereditario al aceptar el Luteranismo; Los Duques Enrique y Alberto de Mecklenburg; El Conde Alberto de Mansfield; El Conde Edzard, de Friesland del este; Landgrave Felipe de Hesse, quien se declaró definitivamente a favor de la Reforma después de 1524. Mientras tanto en varias ciudades imperiales de Alemania el movimiento de reforma fue iniciado por seguidores de Lutero –especialmente en Ulm, Augsburgo, Nuremberg, Nördlingen, Estrasburgo, Constanza, Mainz, Erfurt, Zwickau, Magdeburg, Frankfort-on-the-Main y Bremen. Los príncipes Luteranos formaron la Alianza de Torgau el 4 de mayo de 1526, para su defensa común. A través de su aparición en la Dieta de Séller en 1526, aseguraron la adopción de la resolución de que, con relación al Edicto de Worms, contra Lutero y sus doctrinas, cada uno debería adoptar una actitud tal que pudiese responder ante Dios y el emperador. La libertad para introducir la Reforma en sus territorios fue conferida entonces a los mandatarios territoriales. Los estados Católicos eran desalentados, mientras los príncipes Luteranos, se volvieron más extravagantes aún con sus demandas. Incluso los decretos enteramente moderados de la Dieta de Speyer (1529) delinearon una protesta de los Luteranos y de los estados Reformados.

Las negociaciones en la Dieta de Augsburgo (1530), en la cual los estados que rechazaban la fe Católica elaboraron su credo (la Confesión de Augsburgo), mostraron que la restauración de la unidad religiosa no sería efectuada. La Reforma se difundió más y más, siendo tanto el Luteranismo como el Zuinglianismo introducidos en otros territorios alemanes. Junto con los principados y ciudades mencionados arriba, para 1530 había hecho su camino hasta los principados de Bayreuth, Ansbach, Anhalt y Brunswick-Lunenburg y en los pocos años siguientes hasta Pomerania, Jülich-Cleve y Wurtemberg. En Silesia y en el ducado de Liegnitz la Reforma también hizo grandes avances. En 1531, la Liga de Esmalcalda, una alianza ofensiva y defensiva fue consolidada entre los príncipes Protestantes y las ciudades. Especialmente después de su renovación (1535), a esta Liga se sumaron otras ciudades y príncipes que se habían unido a la Reforma, por ejemplo, el Conde Palatino Ruperto de Zweibrücken, el Conde Guillermo de Nassau, las ciudades de Augsburgo, Kempten, Hamburgo y otras. Nuevas negociaciones y discusiones entre los partidos religiosos fueron instituidas en vistas al término del cisma, pero sin éxito.

Entre tanto Lutero viajó a Mansfeld debido a alguno problemas familiares, quienes continuaban en la mina de cobre de Hans Lutero, que estaba amenazada por las intenciones de los Condes Albrecht, Philip, John George y Gerhard de Mansfeld de controlar esa industria para su beneficio personal. Las negociaciones obligaron tres viajes a Lutero dos en 1545 y una en 1546. El 23 de enero Lutero dejó Wittenberg acompañado por sus tres hijos. Las negociaciones concluyeron con éxito el 17 de febrero. Pasadas las 8 de la tarde de ese día, Lutero sufrió dolores en el pecho y al día siguiente, el 18 de febrero fallecería.

Entre los métodos adoptados por los protestantes en la expansión de la Reforma, la fuerza era cada vez más libremente empleada. Habiendo quedado vacante la Diócesis de Namburg-Zeitz, el Elector Federico de Sajonia instaló en la sede al predicador Luterano Nicolás Amsdorf y él mismo asumió el gobierno secular. El Duque Enrique de Brunswick-Wolfenbuttel fue exilado en 1542, y la Reforma se introdujo en sus dominios casi forzadamente igualmente en Colonia. En Pfalz-Neuburg y en los estados de Halberstadt, Halle, etc., la Reforma halló entrada. Pero el colapso de la Liga de Esmalcalda (1547) estancó de alguna manera el progreso de la Reforma: Julius von Pflug se instalo en la diócesis de Naumburg, el Duque Enrique de Brunswick-Wolfenbuttel recobró sus tierras y Hermann von Wied tuvo que abdicar de la Diócesis de Colonia, en donde la fe Católica fue entonces mantenida. La fórmula de unión establecida por la Dieta de Augsburgo en 1547-48 (el Interim de Augsburgo) no tuvo éxito en sus propósitos, a pesar de haber sido introducida en muchos territorios protestantes. Mientras tanto, el Príncipe Mauricio de Sajonia, hizo un tratado secreto con Enrique II de Francia, enemigo de Carlos V, y formó una Confederación con los príncipes Protestantes Guillermo de Hesse, Juan Alberto de Mecklenburg y Alberto de Brandeburgo, para hacer guerra al emperador y a su imperio, así se quebró el poder del emperador. Por sugerencia de Carlos, el Rey Fernando convocó la Dieta de Augsburgo en 1555, en la cual, después de largas negociaciones, fue concluido el pacto conocido como la Paz Religiosa de Augsburgo.

Este pacto contenía las siguientes provisiones en sus veintidós párrafos: entre los estados imperiales Católicos y aquellos de la Confesión de Augsburgo (los Zuinglianos no estaban considerados en el tratado) deberían ser observadas la paz y la armonía; ningún estado del imperio debería compeler a otro estado de sus dominios a cambiar de religión, tampoco debería hacer guerra contra los mismos en nombre de la religión; si un dignatario eclesiástico asume la Confesión de Augsburgo, perdería toda su dignidad eclesial con todos oficios y emolumentos ligados a ella, sin pérdida, sin embargo, de su honor y posesiones privadas. Los estados Luteranos protestaron contra esta provisión eclesiástica; a los que sostenían la Confesión de Augsburgo debería dejarse en posesión de toda propiedad eclesiástica que hubieran tenido desde el comienzo de la Reforma; después de 1555 ningún partido debería tomar cosa alguna de los demás; hasta la conclusión de la paz entre los cuerpos religiosos en contienda –a ser efectuada en la próxima Dieta de Ratisbona– la jurisdicción eclesiástica de la jerarquía Católica estaba suspendida en los territorios de la Confesión de Augsburgo; si se levanta cualquier conflicto entre los partidos con relación a derechos o tierras, debe hacerse primero un intento de solucionar las disputas por arbitración; ningún estado imperial podía proteger a los súbditos de otro estado de las autoridades; todo ciudadano del Imperio tenía el derecho de elegir cualquiera de las dos religiones reconocidas y de practicarla en otro territorio sin la pérdida de derechos, honor y propiedad (sin perjuicio, sin embargo, de los derechos del señor territorial sobre su campesinado); esta paz debería incluir a los caballeros libres y a las ciudades libres del Imperio y las cortes imperiales tenían que guiarse exactamente por sus provisiones; los votos podían ser administrados tanto en el nombre de Dios o de Su Santo Evangelio. Por medio de esta paz, el cisma religioso en el Imperio Alemán fue definitivamente establecido; de aquí en adelante los estados Católicos y Protestantes son campos opuestos. Casi toda la Alemania, desde la frontera con Holanda en el Oeste hasta la frontera con Polonia en el Este, el territorio de la Orden Teutónica en Prusia, Alemania Central con excepción de la mayor parte de la porción occidental, y (en Alemania del Sur) Wurtemburg, Ansbach, Pfalz-Zwebrucken, y otros pequeños dominios, con numerosas ciudades libres, habían abrazado la Reforma Luterana. Por otra parte, en el sur y sureste, que permanecieron predominantemente Católicos, encontró seguidores más o menos numerosos. El Calvinismo también se expandió bastante ampliamente.

Pero la Paz de Augsburgo, falló en asegurar la armonía que se esperaba. Contrariamente a sus provisiones expresas, una serie de principados eclesiásticos (2 arzobispados, 12 obispados y numerosas abadías) fueron reformados y secularizados antes del comienzo del siglo XVII. La Liga Católica fue formada para la protección de los intereses Católicos y para contrabalancear la Unión Protestante. Pronto sobrevino la Guerra de las Treinta Años, una lucha de las más nefastas para Alemania, dado que dejo el país a sus enemigos del oeste y del norte, y destruyo el poder, la riqueza e influencia del Imperio Alemán. La Paz de Westfalia, concluida en 1648 con Francia en Munster y con Suecia en Osnabruck, confirmó definitivamente el status del cisma religioso en Alemania, ubicó a los Calvinistas y a los Reformados en la misma condición de los Luteranos y concedió inmediatamente a los estados subordinados al emperador, el derecho de introducir la Reforma. De aquí en adelante, los soberanos territoriales podían compeler a sus súbditos a adoptar una religión determinada, sometidos al reconocimiento de la independencia de aquellos quienes, en 1624, gozaron el derecho de sostener sus propios servicios religiosos. El Absolutismo del Estado en cuestiones religiosas había alcanzado ahora su más grande desarrollo en Alemania.

             ii.        Ulrico Zwinglio Y La Reforma En Suiza[3]

En Suiza también se van a separar algunos territorios de la Iglesia Católica; aparecieron una serie de predicadores que criticaban la corrupción de la Iglesia Católica y defendían la creación de una Iglesia distinta. Uno de los primeros fue Zwinglio. Quien estudió la educación básica en Weesen, cursó algunos estudios en Berna. Llegó a Viena en 1498 y se inscribió en la Universidad de Basilea, donde hizo un posgrado en 1504 y un doctorado en 1506.  Zuinglio se convirtió en presbítero en Glarus, tras graduarse como doctor en teología (1506). Allí estudió griego y hebreo, leyó a Erasmo de Róterdam y llegó a la conclusión de que muchas de las doctrinas de la Iglesia estaban en contradicción con las enseñanzas del Nuevo Testamento. Zuinglio se opuso a las campañas de la ciudad contra el Papa Julio II, una guerra en la que participaban mercenarios suizos. La ciudad luchaba al lado de los franceses en Lombardía (1512-1515). En aquella época se contrataban mercenarios suizos a las órdenes del Papa para luchar en las guerras. Zuinglio fue llamado al servicio militar en varias ocasiones, en muchas de las cuales se negó, lo que le valió ser nombrado párroco en 1518, donde consiguió crear en el pueblo un sentimiento de empatía hacia los franceses.

Antes de que Lutero publicara sus 95 tesis el 31 de octubre de1517 en la Catedral de Wittenberg, en 1516, Diebold de Geroldseck llamó a Zuinglio para predicar en el monasterio de Maria-Einsiedeln, con lo que entra en contacto con uno de los centros más activos de peregrinación y también de supersticiones. Comienza así su predicación contra estas prácticas y contra el negociante de indulgencias Bernardin Samson, que había llegado a Suiza a instancias del Papa en 1518. Predica asimismo contra la costumbre de los suizos de alistarse como mercenarios a las órdenes del Papa, lo que le proporcionó el cargo de predicador en Zúrich, cuyo gobierno estaba enfrentado con la autoridad romana. El 1 de enero de 1519 comienza su actividad en Zúrich, donde con su discurso claro y directo va explicando a los feligreses los evangelios. El gobierno de la ciudad decide apoyar las nuevas enseñanzas y dispone en 1520 que todos los predicadores actúen siguiendo las pautas de Zuinglio. En 1522 Zuinglio publica su primera obra reformadora, dirigida contra el ayuno propugnado por la Iglesia de Roma. Defiende así un acontecimiento real en el que, al parecer, un amigo suyo había comido carne durante el período de ayuno, lo cual justifica Zuinglio con el argumento de que el ayuno va contra la fe cristiana. De la misma época es un escrito enviado por él y diez de sus compañeros al obispo de Constanza, en el que afirmaban su disposición a seguir predicando según los Evangelios y pedían la supresión del celibato. El Papa Adriano VI intenta convencerle de que no emprenda nuevas acciones que atenten contra la sustancia de la teología romana.

Ante la acusación de los dominicos, de que Zuinglio propagaba la herejía, el Gran Consejo de la ciudad de Zúrich convocó para el 29 de enero de 1523 a un elevado número de teólogos a un debate público (1ª Disputación de Zúrich), en la que se debía discutir sobre las tesis defendidas por Zuinglio. A ella acudieron 600 personas entre clérigos y laicos y, puesto que los enviados del obispo sólo pudieron hacer valer en su favor la tradición y las disposiciones de los concilios, el Consejo decidió adjudicar a Zuinglio la victoria dialéctica. No sería esa, sin embargo, la única disputa oficial y pública que se celebró en Zúrich. Entre el 26 y el 29 de octubre de 1523 se dirime, en presencia de 900 asistentes, la necesidad de suprimir las imágenes de las iglesias, decisión que se acaba adoptando y que se pondrá en práctica de una manera paulatina. Asimismo, entre el 13 y el 14 de enero de 1524 el tema tratado fue la misa y su posible supresión, lo que finalmente se establece. Ese mismo año Zuinglio se casa con la viuda Anna Meyer, con la que convivía desde hacía algún tiempo. La Reforma en Zúrich comportó además una serie de medidas de regulación social con las que el Consejo pretendía organizar el sistema escolar, el matrimonio, las costumbres, etc. El papel de Zuinglio es capital en este proceso, pues si bien no asume ningún cargo orgánico, su carisma y su predicamiento entre el pueblo le convierten en una figura determinante del proceso.

Zuinglio publica en 1525 su confesión de fe (De la verdadera y la falsa religión). Su teología, similar con la de Lutero menos en el tema de la Cena del Señor. A partir de 1525, la Reforma en Zúrich se completa: se administra la Cena del Señor simbólicamente, se suprime la misa se eliminan las imágenes de las iglesias se decreta la supresión del celibato sacerdotal se establece y regula una beneficencia para los pobres, financiada con los fondos obtenidos de la secularización de bienes eclesiásticos. Ese año de 1525 se funda en Grossmünster una escuela para teólogos, donde se enseña exégesis bíblica, para los predicadores.  Para la teología de Zuinglio es importante las relaciones entre el poder laico y el religioso, pues mientras, por un lado, considera que es derecho y obligación del poder terrenal organizar la Iglesia y la sociedad, admite por otro lado la posibilidad de derrocar al grupo gobernante si éste no se comporta de manera apropiada a las enseñanzas del Evangelio. La Reforma luego de ingresar a Zurich, llego a Basilea. Siguieron resultados similares en Appenzell, cerca de Rhodes, Schaffhausen y Glarus. Después de una larga disputa, llego a Berna, en donde varios predicadores se asociaron a la Reforma de Zuinglio. Se cerraron los monasterios y se adoptaron las innovaciones reformadas. En todo el imperio, el Zuinglianismo era un gran rival del Luteranismo, hasta el punto de que se inició un violento conflicto entre las dos confesiones. Estas diferencias devienen claramente insuperables en el intento más importante que se hace de aunar posiciones, cuando en octubre de 1529 el landgrave Felipe de Hesse, Felipe I, invita a Zuinglio y Lutero a una discusión teológica (conocida como Disputa de Marburgo). La situación política en la Suiza del siglo XVI resulta sin duda determinante para el ulterior desarrollo de la reforma zuingliana. A pesar de la Primera Paz de Kappel de 1529, las tensiones entre Zúrich y Berna (que había sido ganada por Zuinglio para su movimiento), por un lado, y los cantones que permanecían católicos, por otro, no podía menos que estallar en un conflicto político - y finalmente también armado. La opción de Zuinglio era en este sentido clara: usar las armas para extender la verdad del Evangelio era una obligación de todo buen cristiano.

En Mayo de 1526, una gran disputa religiosa fue sostenida en Baden, estando los Católicos representados por Eck, Johann Faber y Murner y los Reformados por Ecolampadio y Berthold Haller. La mayoría de los representantes de los estados presentes se declararon en contra de la Reforma, y los escritos de Lutero y Zuinglio fueron prohibidos. Eso despertó la oposición de los estados Reformados. En 1527, Zurich formó una alianza con Constanza; Basilea, Berna; y otros estados Reformados se unieron a la Confederación en 1528. En defensa propia, los estados Católicos formaron una alianza en 1529. En la guerra resultante, Los suizos montañeses, que habían permanecido católicos, fueron a atacar Zurich y obtuvieron una victoria en Kappel. El 11 de octubre de 1531 Zuinglio murió en el campo de batalla. Con una actitud impropia Lutero se alegró públicamente de su muerte. Luego les fue concedida la paz a Zurich y a Berna, con la condición de que ningún lugar debería molestar a otro en nombre de la religión y de que los servicios Católicos deberían ser libremente mantenidos en los territorios comunes. La Fe Católica fue restablecida en ciertos distritos de Glarus y Appenzell; la Abadía de St. Gall fue restaurada para el abad, a pesar de que la ciudad permanecía Reformada. Sin embargo, en Zurich, Basilea, Berna y Schaffhausen, los Católicos fueron incapaces de asegurar sus derechos. Los Reformistas Suizos pronto compusieron afirmaciones formales de sus creencias; especialmente vale la pena mencionar la Primera Confesión Helvética (Confessio Helvetica I), compuesta por Bullinger, Myconius, Grynaeus y otros (1536), y la Segunda confesión compuesta por Bullinger en 1564 (Confessio Helvetica II): la última fue adoptada en la mayoría de los territorios Reformados de modelo Zuingliano. y sus iglesias acabaron haciéndose luteranas. Como traductor de la Biblia, Ulrico Zuinglio trabajó en estrecha colaboración con Leo Jud. La traducción se conoce hoy en día como "La Biblia de Zürich".

           iii.        El Movimiento Anabaptista[4]

Los anabaptistas fueron llamados los «radicales” de la reforma, ya que pensaban en una reforma de la Iglesia mucho más profunda que la que exigían Lutero, Zwinglio y los otros primeros reformadores. La palabra anabaptistas designa a los que eran «rebautizadores". Nunca hubo una comunidad homogénea que pudiera identificarse como los anabaptistas.  Algunos anabaptistas proclamaban la proximidad del fin del mundo y basándose en interpretaciones de Daniel y del Apocalipsis, indujeron a sus seguidores a tomar las armas para exterminar a los impíos. Uno de ellos. Thomas Müntzer (1488-1525). capitaneó la revuelta de los campesinos en 1524-1525. Estas acciones violentas fueron en parte el motivo por el que tanto los católicos como los protestantes persiguieran a los anabaptistas.
La mayor parte de los anabaptistas era pacifista, como los seguidores de Conrad Grebel (1498-1526). A comienzos de 1525, bautizó a un ex sacerdote llamado George Blaurock (1491-1529), después de que hiciera una profesión de fe. Grebel y Blaurock se convirtieron en predicadores itinerantes por los alrededores de Zúrich, bautizando a hombres y mujeres adultos y realizando sencillos servicios en las casas y los campos. En 1526 el consejo comunal de Zúrich decretó que fueran ahogados todos los anabaptistas.

Un pequeño grupo de anabaptistas se instaló en Moravia bajo la influencia de Jacob Hutter + 15361. Estos "hutteritas" creían que la comunidad cristiana tenía que modelarse según el reparto comunitario de los bienes, y se organizaron en «casas-hermanas" (Bruderhofen). Los hutteritas eran pacíficos y rechazaban el servicio militar y el pago de impuestos, destinados específicamente a los ejercicios militares. Su trabajo duro y su estilo de vida austero los llevó a un cierto grado de prosperidad, pero la guerra de los treinta años ( 1618- 16481 les obligó a trasladarse a diversos países de Europa oriental, antes de emigrar finalmente a los Estados Unidos por el 1880. Los hutteritas practicaban el bautismo de los adultos, comprendían la sagrada comunión como un memorial y generalmente permanecían aislados de todos los que no compartían sus posiciones. Un grupo anabaptista de estas características, que daba importancia a la vida común, es el que fundó Menno Simons ( 1496 -1551) en los Países Bajos y en el norte de Alemania.  En esa época había distintas expresiones del anabaptismo: Una revolucionaria, originada en la predicación y bautismos de adultos realizados por el tejedor Nicolás Storch y sus compañeros Tomás Dreshel y Marcos Stübner; tuvo como defensor absoluto y destacado a Thomas Müntzer, que participó en la lucha de los campesinos contra los terratenientes feudales. Otra extremista, que protagonizó el levantamiento en la ciudad de Münster, encabezada por Jan Matthys y Juan de Leiden y propiciada por la predicación de Melchior Hofman. La unitaria, representada por la personalidad de Miguel Servet; por los Hermanos Polacos en Polonia; y por Ferenc Dávid y las iglesias unitarias de Hungría y Transilvania. La pacifista trinitaria, que surgió primero en 1525 en Zürich, bajo el liderazgo de Conrad Grebel en oposición a Zwinglio, se extendió luego a Austria, Alemania, Holanda y Polonia, donde otros líderes como Michael Sattler, Pilgram Marbeck, Baltasar Hubmaier, Hans Denk, Jacob Hutter, Ulrich Stadler, Dirck Philips y Menno Simons lograron consolidar pequeñas iglesias siempre sometidas a intensa persecución, tanto por católicos, como por protestantes y anglicanos.

Todos los Gobiernos prohibieron, amenazando con la muerte, que se bautizara a los adultos, y ordenaron la ejecución de cuantos anabaptistas pudieron coger. El duque de Baviera manifestó: "El que se retracte será decapitado, el que no se retracte morirá en la hoguera". Los anabaptistas fueron exterminados en Alemania, se retiraron a Holanda, y, en este país, fundaron iglesias. Uno de sus "profetas" pasó desde Holanda con su discípulo, un sastre llamado Juan de Leyden, a la ciudad alemana de Munster, que pertenecía a un obispo. Los artesanos, sublevados, habían obligado a los burgueses ricos a salir de la ciudad y se habían apoderado del gobierno. Los anabaptistas llegaron a ser dueños de Munster, la organizaron en comunidad regida por doce ancianos, a ejemplo de Israel. Luego, para imitar a los Patriarcas, establecieron la poligamia. Juan de Leyden se hizo coronar rey, como David, y tomó varias mujeres. El obispo de Munster, con la ayuda de los príncipes alemanes, sitió la ciudad. Los sitiados se defendieron largo tiempo, a pesar del hambre. Por último, Munster fué tomada por asalto. Juan fué hecho pedazos con tenazas calentadas al rojo, y sus restos, colocados en una jaula de hierro, se colgaron en el campanario (1535). No quedaron anabaptistas más que en Holanda.[5]

La investigación sobre los orígenes de los anabaptistas se ha viciado tanto por las calumnias de sus enemigos como por las vindicaciones de sus amigos. Fue muy habitual colocar juntos tanto a los anabaptistas de Munster como a los anabaptistas radicales relacionados con los profetas Zwickau, Jan Matthys, Juan de Leiden (también llamado Bockelson van Leiden, Jan de Leyden) y Thomas Müntzer. Aquellos que desean corregir este error tienden a sobre-corregir y negar todas las conexiones entre el principal movimiento anabaptista y su rama más radical. La era moderna de la historiografía anabaptista surgió de la labor del estudioso católico romano Carl Adolf Cornelius con la publicación de Die Geschichte des Münsterischen Aufruhrs en 1855 (La historia de los disturbios de Münster). El historiador baptista Albert Henry Newman (1852-1933), de quien dijo Bender que ocupaba "la primera posición en el campo de la historiografía de la América anabaptista", hizo una contribución importante con su obra "Historia de la lucha contra el paidobaptismo" (esto es, contra el bautismo de niños). Aunque existe un gran número de teorías referidas a los orígenes del anabaptismo, las tres principales son: (1) Los anabaptistas comenzaron con una sola expresión en Zúrich, y se propagaron desde allí, (2) Los anabaptistas surgieron a partir de varios movimientos independientes en varios lugares a la vez, y (3) Los anabaptistas son una continuación del cristianismo del Nuevo Testamento (o sucesión apostólica perpetua de la Iglesia). Los actuales anabaptistas surgieron como vertiente del cristianismo de la Reforma en el siglo XVI, en Suiza, Austria, Alemania y Holanda. En la Dieta de Espira, en 1529, católicos y protestantes se pusieron de acuerdo en perseguir a los anabaptistas. [6] En la actualidad hay en el mundo más de 2 millones de anabautistas de las denominaciones Menonita, Huterita, Amish y la Iglesia de los Hermanos.

            iv.        Juan Calvino

Juan Calvino (1509-1564) nació en Francia y su formación inicial la recibió en el College de la Marche y en el College de Montaigne (allí estudiaron Erasmo e Ignacio de Loyola) estudio derecho en la universidad de Paris y en 1532 se doctoro en Orleans. Con poco más de 20 años adoptó los puntos de vista de Lutero. Para entonces el pastor de origen francés Guillaume Farel, quien después de ser perseguido y apedreado logró la expulsión de la iglesia católica de Ginebra, se entero que Calvino en su viaje a Saboya pernoctaba en Ginebra, lo visitó y lo convenció de que permaneciese en Ginebra para realizar la obra que Farel reconocía superior a sus fuerzas. En Ginebra habían expulsado a los sacerdotes católicos, cerrado los conventos pero no sabían cómo organizar la Iglesia. Calvino ya empezaba a ser conocido entre los protestantes europeos como un hombre firme y enérgico, un gran teólogo y un buen organizador, y por esta razón fue llamado por los protestantes de Ginebra. Cuando Calvino llega a Ginebra, decide organizar una iglesia nueva, con sus puntos de vista religiosos, pero para ello tiene que controlar el gobierno de la ciudad; intenta dar órdenes al consejo municipal, y estos terminan por expulsarle de Ginebra. Sin embargo, sus partidarios convencen a las autoridades de Ginebra para que permitan el regreso de Calvino con la promesa de que no se entrometerá en el gobierno político de la ciudad. Así regresa Calvino a Ginebra en 1541, y durante doce años lleva a cabo una paciente labor para ganarse partidarios en el gobierno, aumentando su influencia en Ginebra hasta tener todas las instituciones bajo su control. Calvino al principio acepta las ideas luteranas, pero pronto se distancio de algunas, pues decía que Lutero había conservado demasiadas cosas de la Iglesia Católica. La doctrina más importante que Calvino predicó fue la Predestinación. Pero cuando Calvino está a punto de controlar el gobierno se produce la ejecución en la hoguera del español Miguel Servet.

Miguel Servet era un humanista español típico de la época del Renacimiento, tenía curiosidad por todas las materias desde la ciencia a la medicina pasando por la filosofía y la religión. Como muchos hombres de su tiempo estaba descontento con la Iglesia Católica y rechazaba la doctrina católica milenaria. Servet desarrolló sus propias ideas religiosas y llegó a creer que Jesucristo no había sido hijo de Dios, que sólo tenía naturaleza humana y no divina; esto era adoptar una corriente de los primeros siglos del cristianismo, que la Iglesia Católica había condenado por herética en el siglo IV y que todos los protestantes rechazaban con escándalo. Servet fue a estudiar a las universidades francesas y también en la de París, donde conoció a Calvino. Allí Calvino comenzó a tener un profundo odio hacia aquel español al que consideraba un peligroso hereje. A causa de sus opiniones, Servet tuvo que escapar de París, cambió de nombre y se instaló como médico en una localidad cerca de la frontera con Suiza; tuvo éxito como médico y llegó a adquirir una respetable situación económica y fue en esos años cuando descubrió la circulación de la sangre. Pero Servet seguía con sus inquietudes religiosas y escribió un libro sobre sus doctrinas acerca de Jesucristo, que hizo imprimir clandestinamente en una imprenta secreta. Pero Servet cometió el error de escribir a Calvino en Ginebra enviándole ejemplares de su libro, y Calvino en una carta lo denuncia a la Inquisición francesa católica. Sin embargo, Servet tenía amigos que le protegieron y ayudaron a ocultar su imprenta, y la Inquisición católica renunció a investigar. Pero Calvino envió las cartas que el propio Servet había escrito; las cartas eran una prueba irrefutable de que aquel médico era el español Miguel Servet.

La Inquisición católica condena a Servet a la hoguera pero la noche antes de la ejecución sus amigos ayudan a Servet a escapar. Servet no sabe la influencia política que Calvino tiene en Ginebra y comete el tremendo error de intentar refugiarse en esa ciudad, creyendo que allí estaría seguro. En Ginebra, Calvino lo reconoce y consigue que las autoridades de la ciudad lo detengan como hereje. Calvino quiere que se juzgue a Servet y se le queme en la hoguera, pero todavía no controla del todo el gobierno de la ciudad y el juicio de Servet se va a convertir en un pulso entre Calvino y los gobernantes de la ciudad que se oponen a él, pero finalmente Calvino se impone y Servet es condenado a la muerte en la hoguera, un ejemplo claro de la "inquisición protestante", que perseguía y ejecutaba a los que consideraba "herejes". La muerte de Servet, alejó de Calvino a una serie de protestantes europeos que se habían refugiado en Ginebra. Estos protestantes también tenían sus propias ideas religiosas, sintieron sus vidas amenazadas y escaparon de la ciudad; el más famoso de estos refugiados fue Sebastián Castellion que desde el extranjero denunció a Calvino por la muerte de Servet defendiendo la tolerancia religiosa y el derecho del hombre a tener sus propias opiniones; Castellion es considerado el padre de la libertad de pensamiento en Europa.

Pero la muerte y el juicio de Servet le sirvieron a Calvino para hacerse definitivamente con el gobierno de la ciudad, los adversarios de Calvino fueron expulsados del gobierno municipal y algunos de ellos ejecutados. Ahora toda Ginebra obedecía las órdenes de Calvino. Muy pronto realizo cambios en Ginebra: se suprimieron todos los bailes, se prohibieron todas las canciones, se prohibieron todos los espectáculos y representaciones teatrales, se cerraron las tabernas y se prohibieron las bebidas y las borracheras, todos debían ser buenos cristianos a la fuerza. Toda Ginebra se convirtió en una ciudad calvinista dedicada sólo al trabajo y a la oración. Pero Calvino quería extender toda su comunidad cristiana por toda Europa y en Ginebra se fundaron escuelas calvinistas para todos los protestantes extranjeros que visitaban la ciudad; estos extranjeros debían regresar a sus países de origen y enseñar allí la doctrina calvinista. El más importante de estos extranjeros fue el escocés John Knox, que consiguió que toda Escocia se convirtiera al calvinismo; en Escocia los calvinistas recibieron el nombre de presbiterianos. Escocia fue el único país donde el calvinismo se convirtió en religión oficial, pero también llegó a ser mayoritario en Holanda y hubo importantes minorías calvinistas en Alemania, Inglaterra y en Francia; en Inglaterra los calvinistas recibieron el nombre de puritanos y en Francia se les dio el nombre de hugonotes.

             v.        La Reforma En La Gran Bretaña[7]

Aunque Inglaterra tenía un movimiento de reforma religiosa influído por las ideas de Lutero, la Reforma inglesa fue resultado directo de los esfuerzos del rey Enrique VIII por divorciarse de su primera mujer, Catalina de Aragón. La ruptura formal con el Papado fue organizada por Thomas Cromwell, principal ministro del rey; bajo la dirección de Cromwell el Parlamento aprobó la Ley de Restricción de Apelaciones (a Roma; 1533), seguida por la Ley de Supremacía (1534) que definía plenamente la jefatura real sobre la iglesia. Como arzobispo de Canterbury, Thomas Cranmer anuló el matrimonio de Enrique y Catalina, permitiendo que el rey se casara con Ana Bolena. Aunque el propio Enrique no quería hacer cambios doctrinarios, Cromwell y Cranmer autorizaron la traducción de la Biblia al inglés, y Cranmer fue en gran medida responsable del Libro de Oración Común, adoptado bajo Eduardo VI, sucesor de Enrique.  La Reforma recibió su forma final en Inglaterra durante el reinado de la Reina Isabel (1558-1603). Teniendo como base la liturgia establecida por el "Libro de la Oración Común" bajo Eduardo VI (1547-1543) y la confesión de los Cuarenta y dos Artículos compuestos por el Arzobispo Cranmer y por el Obispo Ridley en 1552, y después de que la Reina María (1553-1558) había fallado en restaurar a su país a la unión con Roma y a la Fe Católica, el predominio del Anglicanismo fue establecido en Inglaterra por Isabel. Los Cuarenta y dos Artículos fueron revisados y, como los Treinta y nueve Artículos de la Iglesia Anglicana, se convirtieron en 1562 en la norma de su credo religioso. La supremacía eclesiástica de la reina fue reconocida, un juramento para ese efecto (Juramento de Supremacía) era requerido bajo la pena de la pérdida de oficio y de la propiedad. Varios prelados y las universidades ofrecieron resistencia, la cual fue suprimida por la fuerza. La mayoría del bajo clero tomó el juramento, que era requerido con una severidad cada vez mayor a todos los miembros de la Cámara de los Comunes, a todos los eclesiásticos, abogados y profesores. En el aspecto externo, mucho de la antigua forma del culto católico fue mantenido. Después del fracaso del movimiento en favor de María Estuardo de Escocia, que se había escapado a Inglaterra en 1568, la opresión de los católicos ingleses continuo con una creciente violencia. Además de la Establecida Iglesia Anglicana estaban en Inglaterra los calvinistas noconformistas, quienes opusieron una organización presbiteriana popular a la jerarquía episcopal; al igual que los Católicos, ellos fueron muy oprimidos por los mandatarios de Inglaterra.

            vi.        La Reforma En Escocia

En Escocia la situación social y política dio un gran ímpetu a la Reforma, ayudada por la ignorancia y rudeza del clero (en gran medida resultado de los constantes feudos). La nobleza utilizó la Reforma como un arma en su guerra contra la casa real, la cual era apoyada por el alto clero. Ya bajo Jacobo V (1524-1542) los colaboradores de las doctrinas Luteranas (por ejemplo, Patricio Hamilton, Enrique Forest y Alejandro Seton, el confesor del rey, se volvieron Reformistas. Los dos primeros fueron ejecutados, mientras el último huyó al Continente). Sin embargo, las doctrinas reformadas continuaron encontrando nuevos adherentes. Con la muerte de Jacobo V, su hija y heredera tenía apenas 8 años. El oficio de regente cayó sobre Jacobo Hamilton, quien, a pesar de tener previamente sentimientos Protestantes, retornó a la Iglesia Católica y apoyó al Arzobispo David Beaton en sus enérgicas medidas contra los innovadores. Después de la ejecución del Reformista Jorge Wishart, los Protestantes formaron una conspiración contra el arzobispo, lo atacaron en su castillo en 1545 y lo llevaron a la muerte. Los rebeldes (entre ellos Juan Knox), acompañados por 140 nobles, entonces fortalecidos en el castillo. Knox se fue a Ginebra en 1546, abrazando allá el Calvinismo, y desde 1555 era el líder de la reforma en Escocia, en donde conquistó el dominio en la forma del Calvinismo. La confusión política prevaleciente en Escocia con la muerte de Jacobo V facilitó la introducción de la Reforma.

           vii.        Reforma En Los Países Bajos

Durante el reinado de Carlos V, las diecisiete provincias de Holanda permanecieron totalmente inmunes a la nueva doctrina. Varios seguidores de Lutero habían de hecho aparecido allí, y se empeñaron en diseminar los escritos y doctrinas Luteranas. Sin embargo, Carlos V promulgó edictos estrictos contra los Luteranos y contra la impresión y divulgación de los escritos del Reformador. Los excesos de los Anabaptistas evocaron la supresión de su movimiento por la fuerza y, hasta 1555, la Reforma encontró pocas raíces en el país. En ese año, Carlos V concedió Holanda a su hijo, Felipe II, quien residió en el país hasta 1559. Durante ese periodo el Calvinismo hizo rápidos avances, especialmente en las provincias del norte. Muchos de los grandes nobles y la muy empobrecida baja nobleza, utilizaron la Reforma para incitar al pueblo amante de libertad contra la administración del rey, los oficiales y tropas españolas y la severidad del gobierno. El descontento continuó creciendo, debido principalmente a las severas órdenes del Duque de Alva y a la sangrienta persecución conducida por él. Guillermo de Orange-Nassau, gobernador de la Provincia de Holanda, tenía como propósito, por razones políticas, asegurar la victoria para el Calvinismo, y triunfó en muchos de los distritos del Norte. Luego se puso a sí mismo a la cabeza de la rebelión contra el dominio Español. En la resultante guerra, las provincias del norte (Niederlande) consiguieron su independencia, después de lo cual el Calvinismo gano el predominio en ellas. En 1581, todo ejercicio público de la Fe Católica fue prohibido. La "Confesión Belga" de 1562, tenía ya una fundación Calvinista; por los sínodos de Dodrecht en 1574 y 1618, el Calvinismo recibió una forma fija. Los Católicos del país (alrededor de dos quintos de la población) fueron sometidos a una violenta supresión. Entre los Calvinistas de Holanda surgieron violentos conflictos concernientes a la doctrina de la predestinación.

         viii.        El Protestantismo En Francia

En ciertos círculos humanistas de Francia se originó en una temprana fecha un movimiento favorable a la Reforma. El centro de ese movimiento era Meaux, en donde el obispo Guillaume Briconnet favoreció las ideas humanistas y místicas, y donde enseñaban el Profesor Lefèvre de Etaples, G. Farel y J. de Clerc, que eran humanistas con tendencias Luteranas. No obstante, la Corte, la universidad y el Parlamento se opusieron a las innovaciones religiosas y la comunidad Luterana de Meaux fue disuelta. Centros más importantes de la Reforma fueron encontrados al Sur, en donde los Valdenses habían preparado el terreno. Aquí se dieron alborotos públicos en los cuales fueron destruidas imágenes de Cristo y de los santos. Los parlamentos en la mayoría de los casos tomaron medidas enérgicas contra los innovadores, aunque en ciertos lugares estos últimos hallaron protectores --especialmente Margarita de Valois, hermana del Rey Francisco I y esposa de Enrique de Albret, Rey de Navarra--. Los líderes de la Reforma en Alemania buscaron triunfar sobre el rey Francisco I, que por razones políticas era un aliado de los Príncipes Protestantes Alemanes; el rey, sin embargo, permaneció fiel a la Iglesia y suprimió a los movimientos de reforma en todas sus tierras. En los distritos del sudeste, especialmente en Provence y Dauphine, aumentaron los colaboradores de las nuevas doctrinas a través de los esfuerzos de Reformistas de Suecia y Estrasburgo, hasta que finalmente la profanación y el pillaje de iglesias llevaron al rey a tomar medidas enérgicas contra ellos. Después de que el Calvinismo se había establecido en Ginebra, su influencia creció rápidamente en los círculos franceses reformados. Calvino apareció en París como defensor del nuevo movimiento religioso en 1533, dedicó al rey francés en 1536 sus "Institutiones Christianae Religionis" y se fue a Ginebra en el mismo año. Expulsado de Ginebra, retornó en 1541 y comenzó allí el establecimiento final de su organización religiosa. Ginebra, con su academia inaugurada por Calvino fue un centro líder de la Reforma y afectó principalmente a Francia. Pierre le Clerc estableció la primera comunidad Calvinista en París; otras comunidades fueron establecidas en Lyón, Orléans, Angers y Rousen, las medidas represivas mostraron tener poco apoyo. El Obispo Jacques Spifamius de Nevers se convirtió al Calvinismo y, en 1559, París fue testigo de la asamblea de un sínodo general de Reformistas Franceses, los cuales adoptaron un credo Calvinista e introdujeron la constitución presbiteriana Suiza para las comunidades Reformadas. Debido al apoyo de los Valdenses, a la diseminación de literatura de la reforma desde Ginebra, Basilea y Estrasburgo, y al constante influjo de predicadores desde esas ciudades, los adherentes a la Reforma aumentaron en Francia. Con la muerte del rey Enrique II (1559), los Hugonotes Calvinistas aspiraron a tomar ventaja de la debilidad del gobierno para aumentar su poder. La Reina-Viuda, Catalina de Médicis, era una ambiciosa estratega, y siguió una política de servicio temporal. Las aspiraciones políticas pronto llegaron a estar entrelazadas con el movimiento religioso, que con eso asumió mayores proporciones y una mayor importancia. En oposición a la línea gobernante y a los poderosos y celosos duques Católicos de Guisa, los príncipes de la dinastía de los Borbones se convirtieron en los protectores de los Calvinistas; estos eran Antonio de Vendôme, Rey de Navarra, y sus hermanos, especialmente Luis de Condé. A ellos se unieron el Condestable Montmorency, el Almirante Coligny y su hermano Andelot, y el Cardenal Odet de Châtillon, obispo de Beauvais.

No obstante las leyes anti-clericales, el Calvinismo estaba logrando un constante progreso en el Sur de Francia, cuando en el 7 de enero de 1562, la reina-viuda, regente en nombre del pequeño Carlos IX, promulgó un edicto de tolerancia, permitiendo a los hugonotes la libre práctica de su religión fuera de los estados y sin armas, pero prohibiendo toda interferencia y actos de violencia contra instituciones Católicas, y ordenando la restitución de todas las Iglesias y de toda propiedad eclesiástica tomada de los Católicos. Volviéndose con eso sólo más audaces, los Calvinistas cometieron, especialmente en el Sur, revueltas y actos de violencia contra los Católicos, llevando a la muerte a sacerdotes católicos incluso en los suburbios de París. El incidente de Vassy, en Champagne, el 1 de Marzo de 1562, en el que el séquito del Duque de Guisa entró en conflicto con los Hugonotes, inauguró la primera guerra civil y religiosa en Francia. A pesar de que esta terminó con la derrota de los Hugonotes, ocasionó grandes pérdidas para los Católicos en Francia. Reliquias de santos fueron quemadas y saqueadas, magníficas iglesias reducidas a escombros, y numerosos sacerdotes asesinados. El Edicto de Amboise concedió nuevos favores a los nobles Calvinistas, aunque el anterior edicto de tolerancia fue retirado. Siguieron otras cinco guerras civiles, durante las cuales ocurrió la masacre del Día San Bartolomé (24 de agosto de 1572). No fue hasta la extinción de la dinastía de los Valois con Enrique III (1589) y con la accesión al trono de Enrique de Navarra (que abrazó el Catolicismo en 1593) de la dinastía de los Borbón, que las guerras religiosas alcanzaron su final con el Edicto de Nantes (13 de Abril de 1598); este confirió a los Calvinistas no solamente total libertad religiosa y admisión a todos oficios públicos, sino incluso una posición privilegiada en el Estado. Crecientes dificultades de naturaleza política surgieron y el Cardenal Richelieu proyecto a acabar con la influyente posición de los Hugonotes. La captura de su principal fortaleza, La Rochelle (28 de Octubre de 1628), finalmente quebró el poder de los Calvinistas Franceses como una entidad política. Más tarde, muchos de sus miembros regresaron al Catolicismo, quedando aún, sin embargo, numerosos adherentes al Calvinismo en Francia.

           ix.        El Protestantismo en Italia y España

Aunque en ambas tierras aparecieron seguidores aislados de la Reforma, ninguna organización sólida o extensiva apareció. Aquí y allí en Italia individuos influyentes (p. ej. Vitoria Colonna y su círculo) favorecieron el movimiento de la Reforma, pero deseaban que el mismo ocurriera dentro de la Iglesia y no como una rebelión a la misma. Pocos italianos abrazaron el Luteranismo o el Calvinismo (por ejemplo, Juan Valdez, secretario del Virrey de Nápoles). En las ciudades de Turín, Pavía, Venecia, Ferrara (en donde la Duquesa Renata favoreció a la Reforma) y Florencia podían encontrarse adherentes a los Reformistas Alemanes y Suizos, aunque no tan extremados como sus prototipos. El más prominente tuvo que dejar el país --Pietro Paolo Vergerio, que luego huyó a Suecia y luego a Wittemberg; Bernardino Ochino, quien huyó a Ginebra y fue más tarde profesor en Oxford; Petrus Martyr Vermigli, quien huyó a Zurich y estuvo subsecuentemente activo en Oxford, Estrasburgo y nuevamente en Zurich. Por la vigorosa inauguración de la verdadera reforma eclesiástica en el espíritu del Concilio de Trento, a través de la actividad de numerosos hombres santos (tales como San Carlos Borromeo y Felipe Neri), a través de la vigilancia de los obispos y de la diligencia de la Inquisición, la Reforma fue excluida de Italia. En algunos círculos fueron reveladas tendencias racionalistas y anti-trinitarias e Italia fue el lugar de nacimiento de 2 herejes: Lelio Sozzini y su sobrino Fausto Sozzini, los fundadores del Socinianismo. El curso de los eventos fue en España el mismo que en Italia. A pesar de algunas tentativas de diseminar escritos anti-eclesiales en el país, la Reforma no obtuvo éxito alguno, gracias al celo tenido por las autoridades públicas y eclesiásticas en contraatacar sus esfuerzos. Los pocos Españoles que aceptaron las nuevas doctrinas eran incapaces de desarrollar cualquier actividad reformadora en su tierra, y vivieron en el extranjero --p. ej. Francisco Enzinas (Dryander), que hizo una traducción de la Biblia para Españoles; Juan Diaz, Gonsalvo Montano, Miguel Servet, quien fue condenado por Calvino en Ginebra por su doctrina contra la Trinidad y quemado en la estaca.

El impacto espiritual de la Reforma
El protestantismo provocó un gran impacto en la mentalidad de los europeos del siglo XVI. Las ideas de Lutero habían abierto el camino de la libertad de conciencia, no sólo para la fe sino también para todas las facultades espirituales del hombre. Para muchos hombres la difusión de la religión protestante significó un cambio de actitud ante algunos elementos de su vida cotidiana. El cuestionamiento que hizo Lutero de la autoridad del Papa y de la jerarquía de la Iglesia de Roma significo para muchos príncipes, un reforzamiento de su autoridad laica y por eso la impusieron en sus Estados. Para muchos campesinos, las ideas de la Reforma justificaban la desobediencia al poder de los señores. Si el Papa era desafiado y sus juicios ya no eran infalibles para todos los cristianos, también podía cuestionarse la autoridad de los señores feudales. Sin que Lutero se lo propusiera, sus ideas influyeron sobre los campesinos, quienes disconformes con sus condiciones de vida, se rebelaron contra el poder señorial. La religión protestante también ejerció una gran influencia en las actitudes de los burgueses. La estricta moral protestante —enemiga de los lujos y de los despilfarros—, la práctica de una vida austera, la idea de que los hombres obtenían su recompensa o su castigo en la vida terrenal, eran principios que se adecuaban muy bien a las actividades de los burgueses.





[1] Biografía de Martin Lutero,  www.biografiasyvidas.com/biografia/l/lutero.htm consultado el 22 de junio de 2011
[2]  EnciCato, Reforma Protestante, http://www.mercaba.org/FICHAS/Enciclopedia/R/reforma _protestante.htm consultado el 22 de junio de 2011
[3]  Ulrico Zuinglio, http://es.wikipedia.org/wiki/Ulrico_Zuinglio, consultado el 23 de junio de 2011 
[4] Anabaptistas http://www.mercaba.org/VocTEO/A/V_anabaptistas.htm consultado el 23 de junio de 2011
[5] Seignbos Charles, Historia V, Los Anabaptistas http://es.wikisource.org/wiki/Historia_V:Los anabaptistas consultado el 23 de junio de 2011
[6] Anabtismo http://es.wikipedia.org/wiki/Anabaptismo  consultado el 22 de junio de 2011
[7] La Reforma, información de carácter general http://mb-soft.com/believe/tsnm/reformat.htm consultado el 22 de junio de 2011
Onceava sesión: Historia Eclesiástica

6. LA IGLESIA PROTESTANTE

1)    Causas de la Reforma Protestante

          i.      Juan Wyclif[1]

Este célebre reformador, llamado «La Estrella Matutina de la Reforma», nació alrededor del año 1324, durante el reinado de Eduardo II. Sus padres lo enviaron a Queen's College, en Oxford, que había sido fundado por entonces por Robert Eaglesfield, confesor de la Reina Felipa. Luego pasó al Merton College, que era entonces considerado como una de las instituciones más eruditas de Europa. Su notoriedad destacó en su defensa de la universidad contra los frailes mendicantes, que para el tiempo, en Oxford en 1230, habían sido incómodos para la universidad, por su concepto de que Cristo y sus apóstoles habían sido mendigos; y que la mendicidad era una institución evangélica. Doctrina que predicaban en todo lugar.

Wyclif había menospreciado durante mucho tiempo a estos frailes por la pereza con que se desenvolvían, y ahora tenía una buena oportunidad para denunciarlos. Publicó un tratado en contra de la mendicidad de personas capaces, y demostró que no sólo eran un insulto a la religión, sino también a la sociedad humana. Alrededor de este tiempo, el Arzobispo Islip fundó Canterbury Hall, en Oxford, donde estableció a un rector y once académicos. Y fue Wyclif el escogido por el arzobispo para el rectorado, pero al morir éste, su sucesor Stephen Langham, obispo de Ely, lo depuso. Wyclif apeló al Papa, que posteriormente dio sentencia en su contra por la siguiente causa: Eduardo III, que era a la sazón rey de Inglaterra, había retirado el tributo que desde el tiempo del Rey Juan se había pagado al Papa. El Papa amenazó a Eduardo III, quien convocó a un Parlamento, donde se resolvió que el Rey Juan había cometido un acto ilegal, y entregado los derechos de la nación, y aconsejó al rey a que no se sometiera, fueran cuales fueran las consecuencias.

El clero comenzó a escribir en favor del Papa, publicando un tratado, que tenía muchos defensores. Wyclif, se opuso al tratado y de forma magistral desmorono sus argumentos. Wyclif fue después promovido a la cátedra de teología, desde donde denuncio los errores de la Iglesia de Roma y de la vileza de sus agentes monásticos. En conferencias públicas vapuleaba sus licencias y se oponía a sus insensateces. Esto le costó que el arzobispo de Canterbury, le privara de su cargo. Para este tiempo, la administración interna estaba a cargo del duque de Lancaster, quien tenía unos conceptos religiosos muy libres, y estaba enemistado con el clero. El príncipe consideró muy gravosas algunas exigencias de la corte de Roma y decidió enviar al obispo de Bangor y a Wyclif para que protestaran contra tales abusos, y se acordó que el Papa ya no podía disponer de ningún beneficio perteneciente a la Iglesia de Inglaterra. En esta embajada, Wyclif observo las contrariedades de la constitución y política de Roma, y volvió más decidido que nunca a denunciar su avaricia y ambición. Habiendo recuperado su anterior situación, comenzó a denunciar al Papa en sus conferencias sus usurpaciones, su pretendida infalibilidad, su soberbia, su avaricia y su tiranía. Fue el primero en llamar Anticristo al Papa. Del Papa pasaba a la pompa, el lujo y las tramas de los obispos, y los contrastaba con la sencillez de los primeros obispos. Sus supersticiones y engaños eran temas que presentaba con energía de mente y con precisión lógica.

Gracias al patronazgo del duque de Lancaster, Wyclif recibió un buen puesto, pero tan pronto estuvo instalado en su parroquia sus enemigos y los obispos comenzaron a hostigarle. El duque de Lancaster fue su amigo durante esta persecución, y por medio de su presencia y la de Lord Percy, conde mariscal de Inglaterra, soporto los embates. Después de la muerte de Eduardo III le sucedió su nieto Ricardo II, con sólo once años de edad. Y al no conseguir el duque de Lancaster ser el único tutor, su poder comenzó a declinar, y los enemigos de Wyclif, aprovechándose de esta circunstancia, renovaron sus artículos de acusación en su contra, consiguiendo una prohibición para que Wyclif predicara sus enseñanzas incomodas para el Papa; pero el reformador la ignoró, predicando más vehemente que nunca. En el año 1378 surgió una contienda entre dos Papas, Urbano VI y Clemente VII, acerca de cuál era el Papa legítimo, el verdadero vicario de Cristo. Este fue un período favorable para el ejercicio de los talentos de Wyclif: pronto produjo un tratado contra el papado, que fue leído de buena gana por toda clase de gente.

Para el final de aquel año, Wyclif cayó enfermo de una fuerte dolencia, que se temía pudiera resultar fatal. Los frailes mendicantes, acompañados por cuatro de los más eminentes ciudadanos de Oxford, consiguieron ser admitidos a su dormitorio, y le rogaron que se retractara, por amor de su alma. Wyclif, sorprendido ante éste solemne mensaje, se recostó en su cama, y dijo: "No moriré, sino que viviré para denunciar las maldades de los frailes." Cuando Wyclif se recuperó se dedicó a la traducción de la Biblia al inglés. Antes de la aparición de esta obra, publicó un tratado, en el que exponía la necesidad de la misma. El celo de los obispos por suprimir las Escrituras impulsó enormemente su venta, y los que no podían procurarse una copia se hacían transcripciones de Evangelios o Epístolas determinadas. Posteriormente, cuando los lolardos fueron aumentando en número, y se encendieren las hogueras, se hizo costumbre atar al cuello del hereje condenado aquellos fragmentos de las Escrituras que se encontraran en su posesión, y que generalmente seguían su suerte.

Inmediatamente después de esto, Wyclif se aventuró un paso más, y atacó la doctrina de la transubstanciación. Extraña opinión inventada por Paschade Radbert en su debate contra Retramne Corbie sobre la Eucaristia. Wyclif, en su lectura ante la Universidad de Oxford en 1381 atacó esta doctrina, y publicó un tratado acerca de ella. El doctor Barton, vicecanciller de Oxford, condenó las doctrinas de Wyclif y lo amenazó con la excomunión. Wyclif al no conseguir ningún apoyo del duque de Lancaster, y llamado a comparecer ante su anterior adversario, William Courteney, ahora arzobispo de Canterbury, se refugió bajo el alegato de que él, como miembro de la universidad, estaba fuera de la jurisdicción episcopal. Este alegato le fue admitido, por cuanto la universidad estaba decidida a defender a su miembro. El tribunal se reunió para juzgar y condenar la enseñanza de Wyclif. El rey, a petición del obispo, concedió una licencia para encarcelar a Wyclif, pero los comunes hicieron que el rey revocara esta acción como ilegal. Sin embargo, el primado obtuvo cartas del rey ordenando a la Universidad de Oxford que investigara los libros que Wyclif había publicado; como consecuencia de esta orden, Wyclif se retiró de la Universidad. Pero sus opiniones estaban tan difundidas que se dice que de dos personas una era un lolardo. Durante este período prosiguieron las disputas entre los dos papas. Urbano y Clemente. Incluso Urbano llamo al linchamiento de Clemente.

Wyclif, en su ancianidad, reprendió al Papa con la mayor libertad, y le preguntó: "¿Cómo osáis hacer del emblema de Cristo en la cruz (que es la prenda de la paz, de la misericordia y de la caridad una bandera que nos lleve a matar a hombres cristianos por amor a dos falsos sacerdotes, y a oprimir a la cristiandad de manera peor que Cristo y Sus apóstoles fueron oprimidos por los judíos? ¿Cuándo el soberbio sacerdote de Roma concederá indulgencias a la humanidad para vivir en paz y caridad, como lo hace ahora para que luchen y se maten entre si?". Este severo escrito le atrajo el resentimiento de Urbano, y cayó víctima de una parálisis, y aunque vivió un cierto tiempo, estaba de tal manera que sus enemigos consideraron como resultado de su resentimiento. Wyclif volvió tras un breve espacio de tiempo y se reintegró a su parroquia de Lutterworth, donde era párroco; allí durmió en paz al final del año 1384. Wyclif tenía motivos por agradecerles que al menos le dieran reposo mientras vivió, y que le dieran tanto tiempo después de su muerte, cuarenta y un años de reposo en su sepulcro, antes que exhumaran su cuerpo y lo convirtieran de polvo a cenizas; cenizas que fueron luego echadas al río. Y así fue transformado en tres elementos: tierra, fuego y agua, pensando que así extinguían y abolían el nombre y la doctrina de Wyclif para siempre. No pudieron sin embargo quemar la palabra de Dios y la verdad de Su doctrina, ni el fruto y triunfo de la misma.

              i.        Juan Huss[2]

Juan Huss nació en Hussenitz, un pueblo de Bohemia, alrededor del año 1380. En 1398, Huss alcanzó el grado de bachiller en divinidad, y después fue sucesivamente elegido pastor de la Iglesia de Belén, en Praga, y decano y rector de la universidad. En estas posiciones cumplió sus deberes con gran fidelidad, y al final se destacó por su apego a las doctrinas de Wyclif. El reformista inglés Wyclif había tenido mucha influencia en varias zonas de Europa. Sus doctrinas se esparcieron por Bohemia, y fueron bien recibidas por muchas personas, entre ellos Juan Huss y su celoso amigo y compañero de martirio, Jerónimo de Praga. El arzobispo de Praga, al ver que los reformistas aumentaban a diario, emitió un decreto para suprimir el esparcimiento continuo de los escritos de Wyclif; pero esto tuvo un efecto totalmente contrario al esperado, porque sirvió de estímulo para el celo de los amigos de estas doctrinas, y casi toda la universidad se unió para propagarlas.

Simpatizante de las doctrinas de Wyclif, Huss se opuso al decreto del arzobispo, que sin embargo consiguió una bula del Papa, que le encargaba impedir la dispersión de las doctrinas de Wyclif en su provincia. En virtud de esta bula, el arzobispo condenó los escritos de Wyclif; también procedió contra cuatro doctores que no habían entregado las copias de aquel teólogo, y les prohibieron, a pesar de sus privilegios, predicar a congregación alguna. Juan Huss, junto con algunos otros miembros de la universidad, protestaron contra estos procedimientos, y apelaron contra la sentencia del arzobispo. Al saber el Papa la situación, concedió una comisión al Cardenal Colonna, para que citara a Juan Huss y compareciera personalmente en la corte de Roma, respondiendo las acusaciones en contra suya.  Juan Huss pidió que se le excusara de comparecer personalmente, enviando tres procuradores ante el Cardenal Colonna en representación suya. Pero el cardenal declaró contumaz a Huss, y por ello lo excomulgó. Los procuradores apelaron al Papa, pero no sirvió de nada, extendiéndose la excomunión no sólo a Huss sino también a todos sus amigos y seguidores.

Huss apeló contra esta sentencia a un futuro Concilio, pero sin éxito; y a pesar de la severidad del decreto y de la consiguiente expulsión de su iglesia en Praga, se retiró a Hussenitz, su pueblo natal, donde siguió propagando su nueva doctrina, tanto desde el púlpito como con su pluma. Las cartas que escribió en este tiempo fueron muy numerosas; y recopiló un tratado en el que mantenía que no se podía prohibir de manera absoluta la lectura de los libros de los reformistas. Escribió en defensa del libro de Wyclif acerca de la Trinidad, y se manifestó abiertamente en contra de los vicios del Papa, de los cardenales y del clero de aquellos tiempos corrompidos. En 1414 se convocó un Concilio general en Constanza, Alemania, con el único propósito, de aplastar el avance de la Reforma. Juan Huss fue llamado a comparecer delante de este Concilio; para alentarle, el emperador le envió un salvoconducto. Las cortesías e incluso la reverencia con que Huss se encontró por el camino eran apoteósicas Fue llevado a la ciudad en medio de grandes aclamaciones, y se puede decir que pasó por Alemania en triunfo. No podía dejar de expresar su sorpresa ante el trato que se le dispensaba. "Pensaba yo (dijo) que era un proscrito. Ahora veo que mis peores enemigos están en Bohemia." Tan pronto como Huss llegó a Constanza, vino un tal Stephen Paletz, que había sido contratado por el clero de Praga para presentar las acusaciones en su contra. A Paletz se unió posteriormente Miguel de Cassis, de parte de la corte de Roma. Estos dos se declararon sus acusadores, y redactaron un conjunto de artículos contra él, que presentaron al Papa y a los prelados del Concilio.

Cuando se supo que estaba en la ciudad, fue arrestado inmediatamente, y constituido prisionero en una cámara en el palacio. Esta violación de la ley común y de la justicia fue observada en panicular por uno de los amigos de Huss, que adució el salvoconducto imperial; pero el Papa replicó que él nunca había concedido ningún salvoconducto, y que no estaba atado por el del emperador.  Mientras Huss estuvo encerrado, el Concilio actuó como Inquisición. Condenaron las doctrinas de Wyclif, e incluso ordenaron que sus restos fueran exhumados y quemados, órdenes que fueron estrictamente cumplidas. Mientras tanto, la nobleza de Bohemia y Polonia intercedió intensamente por Huss, y prevalecieron hasta el punto de que se impidió que fuera condenado sin ser oído, cosa que había sido la intención de los comisionados designados para juzgarle. Cuando le hicieron comparecer delante del Concilio, se le leyeron los artículos redactados contra él; eran alrededor de unos cuarenta, mayormente extraídos de sus escritos. La respuesta de Juan Huss fue:"Apelé al Papa, y muerto él, y no habiendo quedado decidida mi causa, apelé asimismo a su sucesor Juan XXIII, y no pudiendo lograr mis abogados que me admitiera en su presencia para defender mi causa, apelé al sumo juez, Cristo."

Habiendo dicho Huss estas cosas, se le preguntó si había recibido la absolución del Papa o no. El respondió: "No." Luego, cuando se le preguntó si era legitimo que apelara a Cristo, Juan Huss respondió: "En verdad que afirmo aquí delante de todos vosotros que no hay apelación más justa ni más eficaz que la que se hace a Cristo. Estas excelentes expresiones fueron consideradas como manifestaciones de traición. Por ello, los obispos le privaron de sus hábitos sacerdotales, lo degradaron, le pusieron una mitra de papel en la cabeza con demonios pintados en ella, con esta expresión: "Cabecilla de herejes". Al ver esto, él dijo: "Mi Señor Jesucristo, por mi causa, llevó una corona de espinas. ¿Por qué no debería yo, entonces, llevar esta ligera corona, por ignominiosa que sea?. Cuando lo ataron a la estaca con la cadena, dijo, con rostro sonriente: "Mi Señor Jesús fue atado con una cadena más dura que ésta por mi causa; ¿por qué debería avergonzarme de ésta tan oxidada?" Cuando le apilaron la leña hasta el cuello, el duque de Baviera estuvo muy solícito con él deseándole que se retractara. "No," le dijo Huss, "nunca he predicado ninguna doctrina con malas tendencias, y lo que he enseñado con mis labios lo sellaré ahora con mi sangre." Luego le dijo al verdugo: "Vas a asar un ganso (siendo que Huss significa ganso en lengua bohemia), pero dentro de un siglo te encontrarás con un cisne que no podrás ni asar ni hervir." Si dijo una profecía, debía referirse a Martín Lutero, que apareció al cabo de unos cien años, y en cuyo escudo de armas figuraba un cisne. Finalmente aplicaron el fuego a la leña, y entonces nuestro mártir cantó un himno con voz tan fuerte y alegre que fue oído a través del crepitar de la leña y del fragor de la multitud. Finalmente, su voz fue acallada por la fuerza de las llamas, que pronto pusieron fin a su existencia. Entonces, con gran diligencia, reuniendo las cenizas las echaron al río Rhin, para que no quedara el más mínimo resto de aquel hombre sobre la tierra, cuya memoria, sin embargo, no podrá quedar abolida de las mentes de los piadosos, ni por fuego, ni por agua, ni por tormento alguno.

         ii.      Los Movimientos Populares[3]

En el caso de los movimientos populares la situación es muy distinta. Quienes los siguieron eran en su casi totalidad gente indocta. Muchos de esos movimientos eran de carácter apocalíptico, de modo que quienes formaban parte de ellos creían que el fin estaba cerca, y por tanto no veían razón alguna de narrar su historia. Es muy posible que, de haber querido hacerlo, no hubieran podido, pues se trataba de corrientes de entusiasmo que de pronto aparecían en un lugar, para luego desaparecer y brotar de nuevo en otra fecha y otro lugar. Según se decía, se trataba de gentes que utilizaban su entusiasmo religioso para dar rienda suelta a la inmoralidad y a la rapiña, odiaban a los sacerdotes y a toda la jerarquía de la iglesia, profanaban el sacramento del altar, creían que el fin del mundo estaba cercano, pretendían haber recibido una nueva revelación de Dios, o que el Espíritu Santo se había encarnado en ellas, etc. Es muy posible, y hasta probable que en algunos casos parte de esto haya sido cierto. Pero el hecho de que las mismas acusaciones se hicieran contra movimientos a todas luces diferentes nos hace sospechar que eran frecuentemente falsas. Aunque no podemos narrar aquí la historia de dichos movimientos, podemos señalar sus características comunes y su significado para la historia del cristianismo.

En el siglo XIII la iglesia había perdido flexibilidad. En 1215 el Cuarto Concilio de Letrán prohibió la fundación de nuevas órdenes, se temía que continuaran surgiendo movimientos como el franciscano, y que la iglesia no pudiera controlarlos. En el siglo XIV y XV, aquella tendencia que se había manifestado en 1215 llegó a su cumbre. La pobreza franciscana se había reinterpretado de tal modo que no requería de la orden en sí, sino sólo de sus miembros, pues como órdenes, tanto la orden de San Francisco como la de Santo Domingo se volvieron ricas y poderosas.

La cuestión de la pobreza tenía dos vertientes. De un lado estaban las gentes relativamente pudientes, que abrazaban una pobreza voluntaria, por motivos de renunciación. Tal había sido el caso, en el siglo XIII, de San Francisco de Asís. Otras veces se unían a movimientos que existían entre las clases humildes, porque les parecía que allí les era más fácil cumplir con el consejo evangélico de la pobreza.  Pero pronto surgió una multitud de movimientos que se confundían entre sí. Algunos no buscaban sino la posibilidad de practicar la pobreza voluntaria. Otros veían en los males de la época una señal de los tiempos apocalípticos. Por ello era necesario arrepentirse, castigar el cuerpo, para así salvarse del mal que pronto llegaría. Otros, pasaron del arrepentimiento a la acción, debían ser fieles al evangelio, en estos, la tarea del cristiano consistía en tomar las armas y marchar hacia el Reino de Dios, contra los tergiversaban la verdad evangélica, y destruían la justicia oprimiendo a los pobres.

Beguinas y Begardos

El monaquismo atrajo también muchas mujeres. Es muy probable que parte de este impulso entre las mujeres se haya debido a que la vida monástica era el único medio en que ellas, aun las más ricas, podían escapar de una vida completamente dirigida por los deseos y decisiones de sus padres, hermanos, esposos e hijos. Pronto los conventos tradicionales resultaron insuficientes, y hubo gran número de mujeres que se reunieron en pequeños grupos para vivir juntas y llevar una vida de oración, devoción y relativa pobreza. A estos grupos se les llamo “beguinas”, o “beguinajes” a las casas en que vivían. El origen de este nombre es oscuro, pero todo parece indicar que era despectivo, pues se utilizaba frecuentemente como sinónimo de “hereje”, o de “albigense”. Aunque algunos obispos apoyaron el movimiento, otros lo prohibieron en sus diócesis, y a fines del siglo XIII, comenzó a darse legislaciones contra este género de vida, que amenazaba la estructura de la iglesia porque, sin constituir una orden oficialmente establecida, no seguía tampoco el género de vida del resto del laicado.

Pronto se empezó a acusar a los beguinajes de ser centros de holgazanería, donde se refugiaban mujeres que no querían asumir su responsabilidad en la sociedad. En consecuencia, las beguinas se apartaron cada vez más de la iglesia jerárquica, y algunas se dieron a doctrinas supuestamente erradas. En unos pocos lugares, particularmente en los Países Bajos, lograron subsistir hasta tiempos recientes. Pero en muchos otros fueron suprimidos, o pasaron a las filas de movimientos más radicales. Al igual que las mujeres, pero en menor número y en fecha ligeramente posterior, los varones siguieron el mismo camino. Se les dio el nombre de “begardos”, y ellos también a la postre fueron acusados de herejía y suprimidos.

Los flagelantes

Los flagelantes aparecieron por primera vez en 1260, pero fue el siglo XIV el que vio su súbita expansión. Eran gentes que castigaban su propio cuerpo a latigazos, en penitencia por sus pecados. Convencidos de que el fin del mundo se acercaba, o de que Dios lo destruiría si la humanidad no daba grandes muestras de arrepentimiento, centenares y millares de cristianos se dedicaron a darse latigazos hasta hacer correr la sangre

Cuando alguien deseaba unirse al movimiento, tenía que comprometerse a seguirlo durante treinta y tres días y medio. Durante ese tiempo les debía obediencia absoluta a sus superiores. Después, aunque volvía a su casa, el flagelante quedaba comprometido a golpearse todos los años en viernes Santo. Durante los treinta y tres días el flagelante se unía a un grupo que seguía a diario un ritual prescrito. Iban en procesión hasta la iglesia, marchando de dos en dos y cantaban himnos. Tras rezarle a la Virgen en la iglesia, se dirigían a una plaza pública, siempre entonando himnos. Una vez allí, se desnudaban el torso y formaban un gran círculo. Tras postrarse en oración, quedaban hincados de rodillas y, al mismo tiempo que continuaban su canto, se flagelaban hasta sangrar. Luego se levantaban cubrían su dorso y seguían su peregrinación esto lo hacían dos veces al día. Rápidamente se propagó por toda Europa en Francia, España y apareciendo en el Reino de Hungría en el 1262. Los flagelantes pensaban que, recreando la Pasión De Cristo (penitencia), lograrían salvarse de la peste negra, a la cual consideraban un castigo mandado por Dios. El movimiento fue criticado por el Papa Clemente VI, quien pensaba que era una manera de cuestionar su poder

El Sumo Pontífice se enojó más cuando los Flagelantes comenzaron a atacar a los judíos que encontraban en su camino, acusándolos de cometer crímenes que "hacían enojar a Dios". De esta manera, en 1346 se inició la persecución de los flagelantes, a quienes también se les culpaba por ser los "responsables" de la Peste Negra que se agravó en 1348. Para concluir formalmente con la condena, el Papa condena en 1349 en su bula "Inter sollicitudines" a todos los flagelantes declarándolos herejes. Pero no consigue erradicarlos por completo. El movimiento llegó a su fin cuando fueron cometiendo crímenes por los pueblos por los que pasaban. Como eso no estaba permitido por ser pecado, la policía detuvo y condenó a los flagelantes.

Los Taboritas

Los taboritas eran miembros de una comunidad cristiana considerada herética por la Iglesia Católica. Se encontraban en la ciudad bohemia de Tábor durante las Guerras Husitas del siglo XV. El movimiento de reforma religiosa en Bohemia dio lugar a varias sectas. Empezando por las más radicales, las sectas eran: adamitas, taboritas, orebitas, utraquistas y pragueros. Debido a que el ímpetu de la revolución nació a partir de la quema de Jan Hus, para simplificarlos, muchos escritores han puesto a estas sectas bajo el nombre de husitas. Económicamente fuertes debido al control de las minas de oro locales, los ciudadanos se unieron a los campesinos para desarrollar a una sociedad de tipo comunista. Los taboritas anunciaron la llegada del milenio de Cristo en el cual no habría más criados ni amos. Prometieron que la gente volvería a un estado de inocencia original. La teología taborita representó una de las salidas más radicales a iglesia medieval jerárquica. Rechazaron el aparato externo de la iglesia que consideraban corrompido e insistieron en regirse únicamente por la autoridad de la Biblia. Aunque los teólogos de taborite eran versados en teología escolástica, estuvieron entre los primeros intelectuales en romper con los viejos métodos escolásticos.

Eran particularmente entusiastas en sus prácticas religiosas y, como otras corrientes religiosas de la época, consideraban que era su deber para matar a todos los ""herejes", es decir a los no-taboritas. Algunos de los teólogos taboritas más destacados fueron Mikuláš Biskupec de Pelhřimov y Prokop Veliký (quién murió en la batalla de Lipany). Las ideas teológicas radicales tempranas de los taborites fueron representadas por Petr Kanis y Martin Huska. El ejército taborita fue comandado por el general Jan Žižka, que con sus tropas defendió a Bohemia del ejército del emperador Segismundo. Žižka era partidario de la clemencia con los vencidos y después de una batalla, cuando su ejército lo desobedeció y mató a muchos presos, Žižka ordenó asus tropas orar por el perdón. Esta experiencia le inspiró para escribir un código de conducta militar famoso basado en parte en el libro bíblico de Deuteronomio. Žižka dejó a los tabor porque esta comunidad se hizo demasiado radical para sus creencias y asumió entonces la dirección de los orebitas, más moderados, en Hradec Králové. Debido a las numerosas cruzadas contra los husitas, taboritas y orebitas pusieron en segundo plano sus diferencias y cooperaron a menudo militarmente para derrotar las cruzadas puestas en marcha contra Bohemia. Una vez la amenaza exterior fue alejada por las victorias husitas, las varias facciones se volvieron una contra la otra. Finalmente, tras 20 años de luchas, el poderío de los taboritas fue resquebrajado en la batalla de Lipany, el 30 de mayo de 1434 en la cual 13.000 de sus 18.000 soldados fueron muertos. En 1437 firmaron el tratado de paz con el Segismundo. Aunque los taboritas dejaron de desempeñar un papel político importante, su pensamiento teológico influenció fuertemente la fundación y desenvolvimiento posterior de la Hermandad de Moravia (Unitas Fratrum) en 1457.

Hans Bohm

Corría el año 1476. Las cosechas habían sido escasas en el sur de Alemania. En la diócesis de Wurzburgo, el obispo, que era también señor de la comarca, imponía impuestos cada vez más onerosos. Un buen día del mes de marzo, el joven pastor Hans Bohm se alzó en medio de los peregrinos y comenzó a predicar. Sus palabras eran conmovedoras. Su mensaje, halló eco en los corazones de aquellas gentes angustiadas, y pronto se cuenta que el número de congregados pasó de cincuenta mil. Entonces sus mensajes se volvieron más radicales. Predico contra la vida lujosa que llevaba el obispo de Wurzburg, atacó la pompa, la avaricia y la corrupción del clero. A la postre, Bohm urgió a sus seguidores a actuar en anticipación del día del Señor, negándose a pagar toda clase de impuestos, diezmos y otras obligaciones, y señaló un día en que todos juntos marcharían a reclamar sus derechos. Lo que Bohm intentaba hacer era incitar al pueblo a construir un nuevo reino de Dios aquí en la tierra. Finalmente los soldados del obispo lo capturaron y dispersaron a sus seguidores a cañonazos. Poco después Bohm fue quemado por hereje. Pese a ello sus seguidores continuaron hasta que la iglesia fue destruida por orden del arzobispo de Mainz. Inmediatamente después de la ejecución de Bohm, el Príncipe-Obispo de Wurzburgo orquestó una estructurada campaña de desinformación con la finalidad de desacreditar duraderamente la reputación del "Santo jovenzuelo" y "Profeta", tal como en el pueblo había sido valorado. A tal efecto se encargó la composición de una balada moralista (moritat) que se presentó a la población en agosto de 1476. Como si esto fuera poco, un antiguo pastor de los predios del obispado de Wurzburgo, que también tocaba el tambor, debió transformarse por encargo en juglar, consagrarse a la flauta y a la música popular, fundamentalmente a baladas cómicas y sobre necios. El poder de tales representaciones se impuso cada vez más con el transcurso del tiempo. En 1494,Sebastian Brant publicó el libro "La nave de los necios" (traducido también como "La nave de los locos"), en la cual Hans Böhm (Behem) es representado como el "Flautista de Niklashausen'. Böhm no era ni político ni académico como su contemporáneo Girolamo Savonarola, con quien fue comparado frecuentemente en razón de su poder sobre las masas. Pero a diferencia de Böhm, Savonarola accedió al estatuto de mártir. La memoria de Böhm, que de pastor y tamborilero se metamorfoseó en "porquero" y en "el flautista Haenselein", fue recién desenterrada en el siglo XIX. Hans Böhm, "El Tamborillero de Niklashaussen", imprime así su huella proyectándose durablemente en el tiempo y desafiando la fantasía como apasionante sujeto de la historia, de la literatura y del arte cinematográfico. Este episodio es sólo uno de varias docenas que sucedieron. Los últimos años de la Edad Media se caracterizaron por un gran descontento popular, que combinaba causas sociales con motivos religiosos.

        iii.      La Alternativa Mística[4]

Los siglos XIV y XV, en medio de sus muchas frustraciones, y quizá en parte debido a ellas, fueron un período de gran exaltación religiosa. Tanto en España como en Inglaterra e Italia, hubo místicos notables cuyas obras sirvieron de inspiración a varias generaciones. Empero fue en Alemania, en las riberas del Rin, que este movimiento floreció y alcanzó sus mayores logros. A través de toda su historia, el cristianismo ha contado con hombres y mujeres cuya relación con Dios ha sido tal que se les ha dado el título de “místicos”. Pero en esa historia se han dado dos tipos distintos de misticismo, que conviene distinguir. Uno es esencialmente cristocéntrico. No pretende llegar a Dios mediante la contemplación directa, o mediante una iluminación divina, sino a través de Jesucristo. La otra clase de misticismo se deriva principalmente de la tradición neoplatónica. El propósito de quienes siguen este camino es ascender mediante la contemplación interna, hasta llegar a una unión con el Uno inefable.

A través del falso Dionisio el Areopagita, Gregorio de Niza, Agustín y otros, el neoplatonismo se unió al cristianismo de tal modo que muchos llegaron a confundirlos. Fue entonces que buena parte del misticismo cristiano, en lugar de ser cristocéntrico, tomó el segundo camino. En algunos casos, como el de Buenaventura en el siglo XIII, ambos elementos se unieron, y por ello este místico le dedica bellísimos escritos a la contemplación de la pasión de Cristo, y otros al proceso de ascender espiritualmente por los peldaños de la jerarquía de las cosas creadas, hasta llegar a la contemplación del Creador. El gran maestro del misticismo alemán fue Eckhart de Hochheim. La doctrina mística de Eckhart es esencialmente neoplatónica. Su punto de partida es la contemplación de la divinidad, el Uno inefable. Acerca de Dios, todo cuanto podamos decir resulta inexacto, y por tanto en cierto sentido falso, todo lenguaje acerca de Dios es analógico, y por tanto inexacto, y que por tanto el verdadero conocimiento de Dios no es racional, sino intuitivo. Cuando murió, aunque las acusaciones que se hacían contra Eckhart eran exageraciones o tergiversaciones de sus enseñanzas, no cabe duda de que el misticismo de este maestro alemán era muy distinto del misticismo cristocéntrico de San Bernardo y San Francisco.

Más abajo en el curso del Rin vivió el místico flamenco Juan de Ruysbroeck. Aunque es muy probable que Ruysbroeck haya leído las obras de Eckhart, y que en algunos puntos lo haya seguido, el hecho es que el misticismo del flamenco es mucho más práctico que el del maestro alemán. Esta tendencia fue llevada más lejos por Gerardo de Groote, otro místico flamenco en quien Ruysbroeck hizo gran impacto. Parte de la obra de Ruysbroeck y sus discípulos consistió en mostrar los errores de los “hermanos del espíritu libre”,  al parecer se trataba de un grupo con tendencias místicas que en virtud de su experiencia directa con Dios, no necesitaban de medios tales como la iglesia o las Escrituras. Una consecuencia notable de la obra de Gerardo de Groote fue la aparición de los Hermanos de la Vida Común. De Groote renunció a la prebenda eclesiástica de que gozaba, y se dedicó a predicar contra los abusos eclesiásticos, y a llamar a sus seguidores a una nueva vida de santidad y devoción, por ello fundaron escuelas que no tenían rival. Excepto en unos pocos casos, este misticismo alemán y flamenco de los siglos XIV y XV evitó los excesos de entusiasmo. La contemplación mística no tenía el propósito de producir grandes conmociones, sino una paz interna, por ello no fue perseguido como sucedió con Juan Huss. Pero, por otra parte, en un sentido más profundo, el misticismo constituía una amenaza, no ya para los prelados corruptos, sino para la noción misma de la iglesia jerárquica tal como la conoció la Edad Media. Pero en sus doctrinas se encontraba un fermento que a la postre quebraría con la autoridad de la jerarquía eclesiástica.

        iv.      La Teología Académica[5]

Dos características principales tuvo la teología académica después de su apogeo en Tomás de Aquino. La primera fue una tendencia constante hacia las distinciones cada vez más sutiles, las cuestiones rebuscadas y escabrosas, y el estilo denso y cargado. La segunda fue una creciente separación entre la filosofía y la teología, entre lo que la razón puede descubrir y lo que sólo se sabe porque Dios lo ha revelado. Juan Duns Escoto, el más famoso de los maestros franciscanos desde tiempos de Buenaventura, recibió con toda justificación el título de Doctor sutil. Duns Escoto no concuerda con los teólogos de la generación anterior a la suya, que creían que doctrinas tales como la de la inmortalidad del alma, o la de la omnipresencia divina, podían probarse racionalmente. Escoto no niega esas doctrinas pero señala que no son necesarias. Esta tendencia se hizo más clara en la teología de Guillermo de Occam y de sus contemporáneos y discípulos, en los siglos XIV y XV. Partiendo de la omnipotencia divina, estos teólogos llegan a la conclusión de que la razón natural no puede probar absolutamente nada con respecto a Dios ni a sus propósitos. Establecen una distinción entre el poder de Dios “absoluto”, y su poder “ordenado”. Es sólo en virtud de su poder ordenado que Dios actúa razonablemente. Según estos teólogos, no se debe decir que Dios siempre hace lo bueno, sino que todo lo que Dios hace, sea lo que fuere, es bueno. Se trataba de una teología que, tras probar que la razón sirve de poco, lo colocaba todo en manos de Dios, y estaba dispuesta a creer todo lo que el Señor hubiera revelado; y a creerlo, no por ser razonable, sino por ser revelado. De aquí se sigue que la cuestión de la autoridad es de suma importancia para la teología de los siglos XIV y XV. Si no se puede mostrar mediante la razón que tal o cual cosa son ciertos, hay que tener autoridades infalibles que nos sirvan para conocer la doctrina verdadera. Occam creía que tanto el papa como un concilio universal podían equivocarse, y que sólo las Escrituras eran infalibles. Por otra parte, esta teología le daba mucha importancia a la fe, no sólo como creencia, sino también como confianza. En resumen, en los últimos siglos de la Edad Media el escolasticismo siguió un camino que no podía sino provocar una reacción negativa por parte de gentes devotas, que veían en esa clase de teología, no una ayuda a la piedad, sino un obstáculo.


             v.        El Renacimiento Y El Humanismo[6]

El título mismo de “Renacimiento”, aplicado a una época histórica, implica un juicio negativo sobre la época que la precedió. Fue así que utilizaron el término quienes lo acuñaron. Para ellos, la “Edad Media” no era más que eso: un período intermedio entre las glorias de la antigüedad y las de los tiempos modernos. Al darle el nombre de “gótico” al arte medieval, expresaban un prejuicio que quería decir “proveniente de los godos”, y por tanto “bárbaro”. Pero lejos de ser señal de barbarie, el arte “gótico” fue uno de los mayores logros de la civilización occidental. En efecto, el supuesto “Renacimiento”, con todo y beber en parte de las fuentes de la literatura y el arte clásicos, se inspiró mucho más en los siglos XII y XIII. Su arte tiene profundas raíces en el gótico; su actitud hacia el mundo toma tanto de San Francisco como de Cicerón; y su literatura se inspira en parte en los cantares medievales que los trovadores llevaban de región en región. Pero a pesar de todo ello, es todavía lícito darle a este período, particularmente en Italia, el nombre de “Renacimiento”. Muchos de los principales intelectuales de la época veían en el pasado inmediato, y a veces en el presente, una época de decadencia con respecto a la antigüedad clásica, y por ello se dedicaron a fomentar un renacer de esa antigüedad, a volver a sus fuentes, y a imitar su lenguaje y su estilo. Es a esto que nos referimos aquí al hablar del “Renacimiento”.

En cuanto al término “humanismo”, la ambigüedad no es menor. Por una parte, se le da ese nombre a la tendencia a colocar la criatura humana en el centro del universo, y a hacer resaltar su valor. Por otra, se le da el mismo nombre al estudio de las “humanidades”. Un “humanista” no es entonces quien subraya el valor humano, sino quien se dedica a las bellas artes, y en particular a la literatura. Como veremos en el resto de este capítulo, muchos de los “humanistas” de los siglos XIV y XV, y aun después, lo eran en ambos sentidos. Su interés en las letras clásicas iba frecuentemente unido a una gran admiración por la criatura capaz de producir tales obras de arte. Pero no siempre se dio esa unión. Por tanto, a modo de simple aclaración, señalemos que en este contexto, al hablar del “humanismo”, nos referimos, no a una opinión acerca del valor de la criatura humana, sino a un movimiento literario que se caracterizó por el estudio cuidadoso de las letras clásicas, y por su imitación.


[1] Fox Jhon, libro de los Mártires, Historia de la vida y persecuciones contra Juan Wicliffe, Capítulo VII, http://www.iglesiareformada.com/Fox_7.html, consultado el 15 de junio de 2011
[2] Fox Jhon, libro de los Mártires, Historia de las persecuciones en Bohemia bajo el papado , Capítulo VIII, http://www.iglesiareformada.com/Fox_8.html, consultado el 15 de junio de 2011
[3] Gonzales Justo, Historia del Cristianismo vol 1, pag 645
[4] Gonzales Justo, Historia del Cristianismo vol 1, pag 654
[5] Gonzales Justo, Historia del Cristianismo vol 1, pag 660
[6] Gonzales Justo, Historia del Cristianismo vol 1, pag 664